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Description
En una pequeña casa al final de una calle tranquila vivía Milo, un gato negro de ojos verdes que soñaba con conocer qué había más allá del jardín. Cada noche se sentaba sobre el tejado y miraba la Luna. —Algún día llegaré hasta ti —decía mientras movía lentamente su cola. Una noche, algo extraño ocurrió. La Luna comenzó a brillar con una luz plateada y un pequeño rayo cayó sobre el jardín. Milo bajó del tejado y caminó hasta el lugar. Allí encontró una diminuta puerta azul escondida entre las flores. Al abrirla, descubrió un mundo secreto donde todos los gatos podían hablar. —¡Bienvenido! —dijo una gata blanca llamada Luna—. Te estábamos esperando. Milo abrió los ojos sorprendido. —¿A mí? —Sí. La Luna de los Gatos está perdiendo su luz y necesitamos un gato valiente que encuentre la estrella perdida. Milo sintió un poco de miedo, pero aceptó. Junto a Luna y un pequeño gato naranja llamado Chispa, atravesó bosques brillantes, ríos de estrellas y montañas hechas de nubes. Finalmente encontraron la estrella atrapada dentro de una cueva. Milo se acercó y descubrió que la estrella no estaba atrapada: simplemente tenía miedo de salir. —No tienes que hacerlo sola —le dijo Milo—. Nosotros estaremos contigo. La estrella recuperó su brillo y salió volando hacia el cielo. En ese instante, la Luna volvió a iluminar todo el reino. Los gatos celebraron y nombraron a Milo Guardián de la Luna. Cuando llegó el amanecer, Milo regresó a su casa. Desde aquel día, cada noche se sentaba sobre el tejado. Y cuando la Luna brillaba especialmente fuerte, Milo sonreía. Porque sabía que, en algún lugar sobre las nubes, sus amigos gatos lo estaban esperando.
