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Buenos días con todos.Cuando hablamos de "tecnología disruptiva", a menudo se cae en la tentación de mirarla únicamente a través del lente del entusiasmo técnico o de la novedad comercial. Sin embargo, desde la perspectiva de un banco central, nuestro deber es analizar estos fenómenos con un realismo riguroso. La innovación no es un fin en sí mismo; es un vehículo. Y en el ámbito económico, la disrupción tecnológica está redefiniendo de manera irreversible las reglas de la intermediación financiera, la eficiencia de los mercados y, fundamentalmente, la inclusión de los ciudadanos en el sistema formal.Miren, el Perú ha sido históricamente un país con niveles de informalidad y exclusión financiera sumamente rígidos. Durante décadas, los canales bancarios tradicionales no lograron penetrar en los sectores más vulnerables de nuestra economía debido a los altos costos de transacción y a la falta de información simétrica. Aquí es donde la tecnología disruptiva ha marcado un punto de quiebre.El crecimiento de las empresas Fintech y, de manera muy concreta, el fenómeno de la interoperabilidad de las billeteras digitales como Yape y Plin, ha demostrado que la tecnología puede cerrar brechas de manera mucho más veloz y eficiente que cualquier política asistencialista tradicional. Hoy en día, un comerciante en un mercado de abastos en Huancayo o un mototaxista en el oriente peruano pueden recibir pagos inmediatos, registrar un historial de transacciones y, eventualmente, calificar a un microcrédito sin haber pisado jamás una agencia bancaria física. Eso es eficiencia económica real. Reduce el uso del efectivo, disminuye los costos de transacción y dinamiza el consumo interno de una manera sin precedentes.(Hace una pausa breve, cambia el tono a uno más analítico y de advertencia prudencial)Ahora bien, no todo es un camino llano. La disrupción, por definición, altera el equilibrio existente y genera fricciones que no podemos ignorar. Como reguladores, nuestro principal mandato constitucional es preservar la estabilidad monetaria y la seguridad de los sistemas de pago.La rápida adopción de tecnologías basadas en Inteligencia Artificial, algoritmos de aprendizaje automático para la evaluación de riesgos y redes descentralizadas (blockchain) introduce nuevos desafíos. El primero de ellos es la ciberseguridad. En un entorno financiero interconectado y digitalizado, un fallo sistémico o un ataque cibernético a gran escala ya no es una amenaza teórica; es un riesgo operativo latente que puede desestabilizar la confianza en el sistema en cuestión de minutos. La confianza es el activo más valioso de cualquier economía, y la confianza es sumamente frágil.Además, debemos ser conscientes del impacto en el mercado laboral. La automatización de procesos y la implementación de sistemas inteligentes desplazarán inevitablemente ciertos puestos de trabajo de carácter operativo. Esto exige una respuesta coordinada que trasciende al Banco Central: se requieren políticas públicas de reconversión laboral y una reforma profunda en la educación técnica para que nuestra fuerza laboral no quede obsoleta ante el avance tecnológico.(Retoma un tono constructivo y de visión a futuro)¿Cuál es la respuesta del Banco Central de Reserva ante este panorama? Nuestra postura no es la de prohibir ni la de sobrerregular por temor a lo desconocido. La regulación asfixiante solo consigue empujar la innovación hacia la informalidad o el arbitraje regulatorio. Nuestra estrategia se basa en una regulación inteligente y proactiva.Un ejemplo concreto de esto es el proyecto en el que venimos trabajando activamente: el estudio y diseño piloto de una Moneda Digital de Banco Central (CBDC), adaptada a la realidad de nuestra economía. No buscamos competir con el sector privado, sino proporcionar una plataforma pública de pagos digitales segura, interoperable y de bajo costo que sirva como base para que las Fintech sigan innovando. Queremos que el dinero digital del Banco Central sea el ancla de seguridad en un ecosistema financiero cada vez más diverso.(Para concluir, mira fijamente al auditorio con un gesto de sobria determinación)Para concluir, permítanme enfatizar que la disrupción tecnológica es una fuerza imparable. Los bancos centrales no podemos detener las olas del cambio tecnológico, pero sí tenemos la responsabilidad de canalizar esa fuerza para que juegue a favor del desarrollo del país.El reto del Perú no es decidir si adoptamos o no la tecnología disruptiva; el reto es asegurar que esta transición sea ordenada, inclusiva y, sobre todo, macroeconómicamente estable. Solo manteniendo una disciplina monetaria sólida y un sistema financiero seguro podremos garantizar que la innovación tecnológica se traduzca en un bienestar real, tangible y sostenible para todos los peruanos.Muchas gracias.
